Un hombre que cambió
En un pueblo pequeño de
Caldas llamado Aguadas había un hombre de nombre Samuel era el de más dinero en
el pueblo le llamaban “el multimillonario Samuel” él andaba muy halagado pero
era muy humillante por todo el dinero que tenía.
Era un día lluvioso y Samuel
estaba en su gran finca y obligó a que sus empleados trabajaran la tierra toda
la noche, no fue considerado. A la mañana siguiente ya había parado la lluvia y
los trabajadores estaban ya en sus cuartos respectivos, uno enfermó, Samuel se
dio cuenta, pero aun así no le prestó atención médica y lo obligó a seguir
trabajando. Pasaron dos horas y el trabajador enfermó aún más hasta el punto de
llegar a la muerte tan grave fue la enfermedad, lo único que hizo el
multimillonario fue dar el santo sepulcro.
Samuel cada día que pasaba
se volvía más desconsiderado y humillante con las personas, hasta tal punto de
enfermar y quedar tirado en una cama sin quien le cuidara, ya que sus empleados
salieron corriendo, estos querían que aprendiera la lección. Hubo un día en el
que Samuel estuvo muy grave pero hubo algo que lo cambió llegó una mujer como
si fuera su ángel de la guarda, Tabita, que era el nombre de la mujer, ayudó al
hombre a salir de la situación y sanó.
Pasaron varios días y la
única persona que acompañó al multimillonario fue Tabita, los empleados nunca
volvieron después de aquel día que enfermó, Samuel empezó a cambiar pero para
bien ya no era el mismo hombre tacaño y humillante hasta el punto de buscar a
los empleados para que volvieran al trabajo. Él fue personalmente hasta las
casas y ofreció ayuda económica, el
trabajo y muchas cosas más.
Los empleados volvieron a la
finca, Samuel ya no los obligaba a trabajar en días de lluvia, los invitaba a
entrar a su casa para tomar café hasta que pasaba la lluvia.
Días después del gran cambio
Samuel fundó una escuelita para los niños sin posibilidades económicas, él
junto con su esposa Tabita dirigían la escuela y daban refrigerios a los niños.
La verdadera felicidad consiste en saber valorar lo que tenemos y amarlo y no en dejar que se nos escape la vida lamentándonos por lo que no tenemos.
¿Por
qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio. (H.G. Wells)